Artesanía · Monsefú · 2011
David Custodio, artesano

David Custodio sostiene frente a la cámara una pieza artesanal alargada
EL JOYERO QUE CONVIRTIÓ EL OFICIO EN MEMORIA
- Colección
- Artesanía
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2011
Hay hombres cuya historia queda guardada en las grandes páginas de los libros y otros que, sin buscar reconocimiento, dejan su nombre escrito en las manos. David Custodio fue uno de ellos. Joyero y artesano de Monsefú, perteneció a esa generación de hombres que aprendieron un oficio desde muy niños y lo llevaron consigo durante toda su vida, convirtiendo el trabajo cotidiano en una forma de identidad.
Desde temprana edad comenzó a conocer los secretos de la joyería artesanal. Entre herramientas, metales y largas jornadas de trabajo fue aprendiendo, poco a poco, un conocimiento que no se adquiere únicamente en las escuelas, sino también a través de la paciencia, la observación y la experiencia de los años. Cada pieza elaborada llevaba algo de aquel aprendizaje iniciado en su infancia.
Su trabajo encontró uno de sus principales destinos en Piura, mercado al que llevaba sus productos para ofrecerlos y venderlos. Era el recorrido de un artesano que salía de Monsefú llevando consigo el fruto de sus manos, buscando en otros pueblos y ciudades el reconocimiento de su labor. Así, su oficio no permanecía encerrado en un taller: viajaba con él, acompañado por las piezas que elaboraba y por la esperanza de regresar nuevamente a su tierra.
David Custodio representó a una generación de artesanos para quienes el oficio era más que un medio de subsistencia. Era disciplina, herencia y orgullo. En cada jornada se encontraba la continuidad de una tradición construida durante años, una sabiduría silenciosa que muchas veces permanece fuera de los registros oficiales, pero que forma parte fundamental de la memoria de un pueblo.
La última entrevista que pude realizarle fue en el año 2011. Hoy, después de su partida, aquellas palabras y aquel encuentro adquieren un significado aún mayor. David Custodio ya no se encuentra entre nosotros; falleció hace varios años. Sin embargo, permanece la memoria de su voz, de sus manos de artesano y de una vida dedicada a transformar la materia en trabajo y el trabajo en identidad.
Recordarlo es también reconocer a tantos hombres y mujeres de Monsefú que, desde sus talleres y oficios, ayudaron a construir la historia cotidiana del pueblo. Porque cuando un artesano parte, no desaparece solamente una persona: se apaga una voz, se detienen unas manos, pero queda la huella de todo aquello que fue capaz de crear.
David Custodio permanece en la memoria como joyero, artesano y hombre de oficio; como uno de esos monsefuanos que hicieron de sus manos una herramienta para contar, sin palabras, la historia de su tierra.
Atte, Carlos ayasta – Monsefuanos por el Mundo

