Colección MonsefúLos 3 cautivosArchivo documental
Archivos fotográficos
Cada fotografía va acompañada de su crónica, su lugar y su año. No es un portafolio: es un registro que crece.
5 registros
Colección Monsefú
Un pueblo contado a través de sus imágenes, sus costumbres y su gente.
Monsefú es un pueblo que guarda en sus calles, sus costumbres, sus fiestas y en la vida cotidiana de su gente una historia que merece ser contada y preservada.
Colección Monsefú nace como un registro visual de esa identidad. Una mirada documental que reúne momentos, personajes, tradiciones, paisajes y expresiones culturales que forman parte de la memoria de nuestro pueblo.
Aquí conviven las celebraciones y la vida cotidiana, la artesanía y la gastronomía, los vestidos tradicionales, las antiguas costumbres y los rostros de quienes han dado vida a nuestra comunidad. Cada fotografía busca conservar un instante auténtico y convertirlo en memoria para las generaciones que vienen.
Esta colección no pretende solamente mostrar imágenes de Monsefú. Busca documentar su esencia, reconocer a su gente y dejar testimonio de una cultura que continúa viva, evolucionando con el paso del tiempo, pero sin perder sus raíces.
Porque fotografiar nuestra tierra también es una manera de quererla, conocerla y proteger su memoria.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
Colección MonsefúLos 3 cautivos
Colección Monsefú
Los 3 cautivos
Tres imágenes religiosas dispuestas en el interior de una hornacina.
La escena conserva un detalle de las expresiones de fe presentes en la vida del pueblo.
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Colección MonsefúEstación final
Colección Monsefú
Estación final
La ultima morada
- Lugar
- Monsefú
Un lugar de descanso y memoria, donde el camino encuentra su último destino y el silencio guarda las huellas de quienes alguna vez estuvieron entre nosotros.
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Colección MonsefúManos que abren camino
Colección Monsefú
Manos que abren camino
Hombres y mujeres en rutina de la minga
- Lugar
- Monsefú
Son aproximadamente las diez de la mañana y el campo ya está en plena actividad. A un lado del camino, hombres y mujeres trabajan con sus machetes en una tarea que forma parte de la rutina del campo: podar, limpiar y calabocear la vegetación que invade el camino para hacerlo nuevamente accesible.
En medio de la jornada, una mujer ocupa el primer plano. Con el machete firme en la mano, participa con decisión en una labor que muchas veces permanece invisible, pero que resulta fundamental para quienes transitan diariamente por estos caminos rurales.
A su alrededor, otros trabajadores continúan la misma faena. Cada golpe del machete abre espacio entre la vegetación y devuelve al camino su paso, mientras el sol de la mañana acompaña el esfuerzo de quienes conocen el campo no solamente como lugar de trabajo, sino como parte de su propia vida.
Esta fotografía registra mucho más que una jornada de limpieza. Es el retrato de una comunidad trabajando sobre su propio territorio, donde hombres y mujeres ponen sus manos al servicio de un camino que los une.
Una escena sencilla, cotidiana y profundamente nuestra: el campo trabajando, la mujer campesina como protagonista y el camino abriéndose nuevamente hacia el pueblo.
Monsefú, Lambayeque – Perú Hora aproximada: 10:00 a. m. Registro documental: Carlos Ayasta
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Colección MonsefúPARQUE DE MONSEFÚ
Colección Monsefú
PARQUE DE MONSEFÚ
Foto capturada 6 de la mañana
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2026
El amanecer detrás de la iglesia de Monsefú
Son las seis de la mañana en Monsefú. El sol comienza a asomarse lentamente detrás de la iglesia, proyectando sus primeras luces sobre las calles todavía tranquilas del pueblo. La arquitectura del templo se convierte en el marco de un nuevo día, mientras la claridad del amanecer transforma poco a poco el paisaje urbano.
La imagen captura ese instante breve en que la noche se despide y comienza la jornada cotidiana de Monsefú. Una escena sencilla, pero cargada de memoria, luz y pertenencia; un amanecer que forma parte de la vida diaria de un pueblo cuya identidad también se construye en sus calles, sus edificios y sus paisajes.
Fotografía: Carlos Ayasta (CAY) Lugar: Monsefú, Lambayeque – Perú Hora aproximada: 6:00 a. m.
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Colección MonsefúUN ATARDECER
Colección Monsefú
UN ATARDECER
De regreso a casa
- Lugar
- Monsefú
La tarde comienza a despedirse y el sol cae lentamente hacia el oeste, tiñendo de luz los caminos del campo monsefuano. Sobre su burro, un campesino emprende el regreso a casa después de una jornada de trabajo.
La escena parece sencilla, pero guarda una historia profunda: el hombre, el animal, el camino y ese sol que acompaña silenciosamente el final de cada jornada. Es una imagen que habla del vínculo entre el campesino y su tierra, de los antiguos caminos rurales y de una forma de vida que todavía permanece en el paisaje de Monsefú.
El burro avanza con paso tranquilo mientras la tarde se apaga. Detrás queda la jornada; adelante, el hogar.
Una escena cotidiana de mi tierra, detenida en el instante preciso en que el campo comienza a descansar.
Monsefú, Lambayeque – Perú Registro documental: Carlos Ayasta (CAY)
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4 registros
Retratos
Miradas que hablan, vidas que cuentan y memoria que permanece.
Un pueblo también se cuenta a través de sus rostros. En las miradas, las manos, las expresiones y las huellas del tiempo de sus habitantes permanece una parte de su historia.
Los adultos mayores son guardianes de una memoria que no siempre está escrita. Sus vidas están unidas a las costumbres, al trabajo, a las celebraciones y a las transformaciones que ha vivido nuestra tierra. Cada rostro encierra experiencias, recuerdos y momentos que forman parte de la identidad de una comunidad.
Pero esta memoria también vive en hombres, mujeres, jóvenes y niños que día a día construyen el presente de nuestro pueblo. Son rostros cotidianos, auténticos y llenos de historias que muchas veces pasan desapercibidas.
Esta colección fotográfica busca detener el tiempo por un instante y conservar esas miradas. No pretende únicamente mostrar personas, sino retratar la esencia humana de nuestra tierra, con respeto, naturalidad y sensibilidad documental.
Porque cuando un rostro queda registrado, también queda guardado un fragmento de la historia de un pueblo.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
RetratosMujer con alforja
Retratos
Mujer con alforja
LA ALFORJA, LA CARTERA DE NUESTRAS ABUELAS
- Lugar
- Parque de Monsefú
Hay fotografías que parecen sencillas, pero cuando uno conoce la historia que guardan, adquieren otro valor. Esta imagen nos presenta a una mujer de aproximadamente 80 años, sosteniendo con orgullo una alforja, uno de aquellos objetos que acompañaron durante décadas la vida cotidiana de las mujeres de Monsefú.
Para su época, la alforja era como llevar hoy una cartera. En ella cabía buena parte de la vida diaria: el dinero, las compras del mercado y aquello que se necesitaba transportar de un lugar a otro. También servía para llevar los productos de la cosecha del esposo, convirtiéndose en una compañera inseparable de las labores del hogar y del campo.
Había además una manera muy particular de guardar el dinero. Muchas mujeres llevaban sus monedas y billetes atados dentro de un pequeño pañuelo, cuidadosamente guardado en la alforja. No existían billeteras sofisticadas ni bolsas modernas; existía la confianza en las manos, en el tejido y en ese pequeño pañuelo que protegía los ahorros de la familia.
Pero las alforjas no eran todas iguales.
Las más apreciadas eran las labradas, aquellas que exigían mayor trabajo, dedicación y conocimiento artesanal. Eran piezas elaboradas con paciencia, donde cada diseño, cada color y cada tejido hablaban de la habilidad de quien las había confeccionado.
Y hacer una buena alforja requería tiempo. Tejidas en tres uños, por su complejidad y del cuidado dedicado a cada detalle. Por eso no eran simplemente objetos para transportar cosas: eran verdaderas piezas artesanales, elaboradas para durar y, muchas veces, para pasar de una generación a otra.
Aquellas mujeres las llevaban con orgullo.
La alforja acompañaba a la mujer al mercado, a las ventas, a las faenas y a los caminos de la vida cotidiana. Era práctica, resistente y, al mismo tiempo, una expresión de identidad.
Hoy, cuando vemos a esta dama posar con su alforja, podemos imaginar todo lo que pudo haber recorrido aquel tejido: mercados, cosechas, caminos, compras, encuentros y conversaciones. Quizás dentro de ella viajaron alimentos, monedas, productos del campo y pequeños secretos familiares.
La fotografía conserva ahora aquello que el tiempo quiso llevarse.
Porque una alforja no era solamente una cartera.
Era la compañera de nuestras abuelas, el fruto de las manos de nuestras artesanas y una pequeña memoria tejida que caminaba junto a ellas.
Y cuando aquella mujer la sostiene frente a la cámara, no está mostrando simplemente un objeto antiguo.
Está sosteniendo una parte de Monsefú.
Atte, Carlos Ayasta - Monsefuanos por el Mundo
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RetratosDama y elegancia
Retratos
Dama y elegancia
Retrato en blanco y negro de una mujer mayor.
Un retrato sereno que conserva la expresión, la presencia y las huellas del tiempo.
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RetratosGoyita
Retratos
Goyita
LA PRIMERA DIFUSORA CON LA BOTELLA SOBRE LA CABEZA
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2008
Hay personas que no solamente practican una tradición: la convierten en parte de su propia existencia. Goyita es una de ellas.
La recuerdo frente a mi cámara, orgullosa y sonriente, posando con su blusa tradicional bordada, sus largas trenzas recogidas en forma de corona, recuerda que sobre su cabeza lleva una botella, que se convirtió en símbolo de una manera de bailar y de sentir la marinera de nuestro pueblo.
Goyita fue una de las primeras grandes difusoras de la marinera tradicional con la botella sobre la cabeza, llevando este baile mucho más allá de las calles y celebraciones de Monsefú. Mujer entusiasta, trabajadora y artesana, hizo de su talento una verdadera embajada cultural. Allí donde llegaba, llevaba consigo la elegancia de nuestra danza, la fuerza de nuestras mujeres y el orgullo de pertenecer a esta tierra.
Su arte no conoció fronteras. Sus presentaciones la llevaron por diferentes lugares, convirtiéndola en una embajadora de la marinera monsefuana. Pero detrás de cada baile había mucho más que una presentación: estaba la historia de un pueblo, la memoria de sus mayores y el deseo de mantener viva una tradición para las nuevas generaciones.
Durante una de mis visitas para conversar con ella, hubo una frase que quedó grabada en mi memoria. Hablábamos de la danza, de los años y de lo que significaba para ella seguir bailando. Entonces me dijo:
“Si algún día dejo de bailar, he muerto en vida.”
Aquellas palabras, sencillas pero profundas, resumen quién era Goyita. Para ella, bailar no era simplemente mover el cuerpo al compás de una marinera. Bailar era vivir.
Por eso esta fotografía representa mucho más que un retrato. Es el registro de una mujer que convirtió su cuerpo, su alegría y su talento en una forma de preservar la identidad de Monsefú. La botella sobre su cabeza, la blusa bordada, sus trenzas y aquella mirada llena de entusiasmo son parte de una historia que merece permanecer.
Hoy, cuando volvemos a mirar su imagen, podemos comprender que las tradiciones no sobreviven solamente porque están escritas en los libros. Sobreviven porque existen personas que las aman lo suficiente como para llevarlas consigo.
Goyita llevó nuestra marinera por el mundo.
Y mientras alguien vuelva a colocar una botella sobre su cabeza, mientras una pareja vuelva a bailar con orgullo nuestra marinera y mientras Monsefú siga reconociéndose en sus tradiciones, Goyita seguirá bailando con nosotros.
Carlos Ayasta Monsefuanos por el Mundo
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RetratosLA HISTORIA CONTINUA5 registros
Gastronomía
Sabores que cuentan nuestra historia y memoria que se comparte en cada mesa.
La gastronomía de nuestra tierra es una de las expresiones más profundas de nuestra identidad. En cada plato se encuentran los sabores de nuestra historia, los productos de nuestro territorio y los conocimientos transmitidos de generación en generación.
La cocina de Monsefú forma parte de la memoria de sus familias y de sus celebraciones. Sus recetas, ingredientes y formas de preparación hablan de un pueblo que ha sabido conservar sus costumbres y convertir la comida en una manera de compartir, celebrar y mantener vivos sus vínculos.
Cada plato tiene una historia. Detrás de una preparación tradicional existen manos, familias, mercados, fiestas y recuerdos que forman parte de nuestra cultura. La gastronomía no solo alimenta: también cuenta quiénes somos y de dónde venimos.
Esta colección fotográfica busca preservar y mostrar esa riqueza culinaria, acercándonos a los platos, productos, cocineras, cocineros y espacios donde nuestra tradición gastronómica continúa viva.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
GastronomíaDeleites de mi tierra
Gastronomía
Deleites de mi tierra
Un comensal prueba un plato de pescado servido con salsa y vegetales.
La imagen registra la experiencia de compartir y disfrutar una preparación servida a la mesa.
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GastronomíaPato con arroz
Gastronomía
Pato con arroz
Plato de arroz acompañado con una presa de pato, aguacate, cebolla y salsas.
Una presentación cercana de los ingredientes, colores y acompañamientos del plato.
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GastronomíaPato guisado
Gastronomía
Pato guisado
Preparación de pato guisado acompañada con arroz blanco.
El registro concentra la mirada en la preparación y en su presentación al momento de servir.
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GastronomíaSudado de pescado
Gastronomía
Sudado de pescado
Pescado entero servido en una salsa con cebolla, pimiento y hierbas.
La fotografía documenta el plato terminado y la variedad de elementos que lo acompañan.
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GastronomíaESTOPA
Gastronomía
ESTOPA
Conocida como rayita ahogada
- Lugar
- Monsefú
Estopa o rayita ahogada con papas. Preparación tradicional de la cocina popular de Monsefú, elaborada a partir de raya previamente cocida y deshilachada, integrada a un aderezo de ají, cebolla y otros ingredientes locales. Se sirve acompañada de papas sancochadas, en una combinación que refleja la estrecha relación entre los productos del mar y la cocina cotidiana de los pueblos costeros de Lambayeque. Su permanencia en la mesa monsefuana constituye una expresión de memoria culinaria y patrimonio gastronómico local.
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4 registros
Fiestas y celebraciones
Momentos en los que la memoria, la fe y las costumbres se encuentran en las calles.
Las fiestas de nuestra tierra son mucho más que fechas señaladas en el calendario. Son momentos en los que la memoria, la fe, la música, la vestimenta, las costumbres y la alegría de nuestro pueblo se encuentran en las calles.
Cada celebración reúne a familias, generaciones y visitantes alrededor de tradiciones que han sido transmitidas de padres a hijos. En ellas aparecen expresiones de nuestra identidad que muchas veces pasan desapercibidas en la vida cotidiana: los vestidos cuidadosamente preparados, las imágenes religiosas, las procesiones, las danzas, los personajes populares, la música, la gastronomía y esa manera tan nuestra de compartir y celebrar.
Esta colección fotográfica nace con el propósito de documentar esos momentos y conservarlos en imágenes. No buscamos solamente mostrar una fiesta, sino registrar el rostro de las personas que la hacen posible, los detalles de sus costumbres y los espacios donde nuestra cultura continúa viva.
Cada fotografía es un pequeño fragmento de nuestra historia.
Porque una celebración termina, pero una fotografía puede conservar para siempre la memoria de quienes estuvieron allí.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
Fiestas y celebracionesBAJADA DEL NIÑO DE AÑO NUEVO
Fiestas y celebraciones
BAJADA DEL NIÑO DE AÑO NUEVO
Una mujer sostiene una pequeña imagen religiosa durante una celebración.
- Lugar
- Monsefú
Por las calles de Monsefú, cuando el año comenzaba y las campanas parecían anunciar un nuevo tiempo, una mujer camina llevando entre sus manos una pequeña imagen: el Niño de Año Nuevo.
Su andar era pausado. Avanzaba por las calles del pueblo llevando consigo no solamente una imagen religiosa, sino una tradición profundamente arraigada en la memoria de muchas generaciones. A su paso, las puertas se abrían y las familias recibían la visita con respeto, devoción y esperanza.
El Niño recorre las calles de Monsefú en brazos de aquella mujer, entrando simbólicamente en los hogares y acompañando el inicio de un nuevo año. Era una costumbre sencilla, nacida de la fe popular, pero cargada de un profundo significado: pedir bendiciones para la familia, salud para los seres queridos y esperanza para los días que estaban por venir.
Quizá para quienes hoy caminan por esas mismas calles, esta escena pertenezca a un tiempo lejano. Sin embargo, en la memoria de nuestros pueblos permanecen aquellas mujeres y hombres que, sin imaginarlo, se convirtieron en verdaderos guardianes de las tradiciones.
Aquella mujer, llevando al Niño entre sus manos, representaba la fe de un pueblo. En cada paso llevaba consigo la memoria de una costumbre transmitida en generaciones; una expresión de religiosidad popular que convertía las calles de Monsefú en un espacio de encuentro, oración y comunidad.
Porque las tradiciones no siempre viven en grandes celebraciones ni en los monumentos. Muchas veces sobreviven en los gestos sencillos: en una puerta que se abre, en una familia que recibe una visita, en una oración compartida y en las manos de una mujer que recorre las calles llevando consigo una imagen cargada de esperanza.
Hoy, esta escena nos invita a volver la mirada hacia ese Monsefú, donde cada costumbre forma parte de la vida cotidiana y donde la fe también caminaba por las calles del pueblo.
Porque mientras existan imágenes, recuerdos y voces que nos hablen de estas costumbres, la tradición seguirá caminando entre nosotros.
Atte. Carlos Ayasta Monsefuanos por el Mundo Preservando nuestra memoria, cultura y tradición.
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Fiestas y celebracionesCUANDO DANZAN LOS NEGROS
Fiestas y celebraciones
CUANDO DANZAN LOS NEGROS
Una comitiva recorre una calle del pueblo acompañada por vecinos.
- Lugar
- Monsefú
Cada Navidad, las calles de Monsefú vuelven a llenarse de música, color y tradición. Entre el bullicio de las celebraciones, los Negritos de Monsefú irrumpen con su danza, sus personajes, sus pasos acompasados y esa particular energía que convierte las calles en un escenario de memoria colectiva.
No se trata solamente de una representación que pertenece al recuerdo. Los Negritos continúan viviendo en el presente, renovándose cada año y encontrando en las nuevas generaciones la fuerza necesaria para permanecer como una de las expresiones tradicionales que forman parte de la identidad cultural monsefuana.
Durante la temporada navideña, la danza acompaña las celebraciones y congrega a familias, niños, jóvenes y adultos. Los personajes recorren los espacios públicos al ritmo de la música, mientras los vecinos se acercan para observar, saludar y compartir una manifestación que forma parte del imaginario festivo de la comunidad.
Con el paso del tiempo, naturalmente, la tradición ha experimentado transformaciones. Los trajes pueden incorporar nuevos elementos, la organización de los grupos puede cambiar y las formas de presentar la danza pueden adaptarse a las circunstancias de cada época. Sin embargo, la esencia permanece: la presencia de los Negritos como parte de la celebración navideña y de la memoria cultural de Monsefú.
Cada generación recibe esta expresión y, a su manera, contribuye a mantenerla vigente. Los mayores conservan recuerdos, conocimientos y formas tradicionales; los jóvenes aportan entusiasmo y nuevas maneras de participar; y los niños comienzan a familiarizarse con personajes, música y movimientos que algún día también podrán transmitir.
Por eso, cuando los Negritos vuelven a danzar durante la Navidad, no solamente están interpretando una tradición heredada. Están demostrando que la cultura no permanece inmóvil: se transforma, se adapta y continúa viviendo mientras una comunidad la reconoce como propia.
Las calles de Monsefú son entonces mucho más que el lugar donde transcurre la celebración. Se convierten en un espacio de encuentro entre generaciones, donde el presente dialoga con el pasado y donde cada Navidad permite renovar un vínculo profundo con las costumbres de la tierra.
Los Negritos siguen danzando.
Y mientras sus pasos continúen acompañando las celebraciones navideñas, Monsefú seguirá contando su historia a través de la música, el movimiento y la memoria de su pueblo.
Monsefuanos por el Mundo Texto: Carlos Alberto Ayasta Ballena
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Fiestas y celebracionesLas Pastoras
Fiestas y celebraciones
Las Pastoras
Un grupo de jóvenes participan en una celebración del niño de la tarde de reyes de Monsefu
- Lugar
- Monsefú
En las calles de Monsefú, cuando la música anuncia la llegada de los Negros y el pueblo se reúne para contemplar una de sus expresiones más entrañables, aparecen también ellas: las Pastoras, portadoras de gracia, color y una presencia que forma parte de la memoria festiva de generaciones.
Su danza acompaña el desarrollo de la celebración y dialoga, desde sus propios movimientos y vestimenta, con el vigoroso caminar de los Negros. Mientras ellos imprimen fuerza y cadencia a cada paso, las Pastoras aportan delicadeza, armonía y una expresión coreográfica que completa el paisaje humano de la festividad. Juntos recorren calles y espacios de encuentro, convirtiendo el desplazamiento en una escena viva donde música, danza, fe y tradición se entrelazan.
Las Pastoras no son únicamente un grupo que baila. Son también una imagen conservada en la memoria de Monsefú. En sus pasos permanecen los recuerdos de antiguas celebraciones, de familias que acompañaban el recorrido, de niños que miraban con asombro y de músicos cuya interpretación marcaba el ritmo de una tradición transmitida en generaciones continuas.
Sus atuendos, adornos y movimientos contribuyen a construir una estética propia dentro de la celebración. Cada presentación representa, además, el resultado de una transmisión cultural que no siempre quedó escrita en los libros, sino que sobrevivió gracias a la enseñanza oral, la observación y la participación directa de quienes asumieron el compromiso de continuar la costumbre.
Al lado de los Negros, las Pastoras forman parte de un universo festivo en el que los personajes adquieren significado dentro del conjunto. No se trata solamente de bailar, sino de representar una herencia cultural, ocupar un lugar dentro de una celebración colectiva y mantener vivo un lenguaje de símbolos que identifica a la comunidad.
Hoy, cuando las transformaciones del tiempo amenazan con borrar o modificar muchas expresiones tradicionales, la presencia de las Pastoras adquiere un valor aún mayor. Su danza nos recuerda que la cultura vive cuando vuelve a caminar por las calles, cuando la música vuelve a convocar al pueblo y cuando una nueva generación aprende los pasos que antes bailaron sus mayores.
Por eso, cuando los Negros avanzan y las Pastoras los acompañan, Monsefú no contempla simplemente una danza: contempla una parte de sí mismo. En el sonido de la música, en el movimiento de los cuerpos y en la emoción de quienes observan, vuelve a aparecer la memoria de un pueblo que, a través de sus tradiciones, continúa contando su propia historia.
Las Pastoras y los Negros caminan juntos como imágenes de una memoria que se niega a desaparecer. Y mientras haya alguien dispuesto a vestir el traje, ejecutar el paso y salir nuevamente a las calles, la tradición seguirá bailando en Monsefú.
Atte, Carlos ayasta (CAY) – Monsefuanos por el Mundo
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Fiestas y celebracionesSan Martín de Porres
Fiestas y celebraciones
San Martín de Porres
Fé y devoción por el santo moreno.
- Lugar
- monsefú
Cada noviembre, Monsefú vuelve a encontrarse con una de sus expresiones más entrañables de fe y tradición: la celebración de San Martín de Porres, festividad vinculada a la familia Yaipén, que reúne a numerosos devotos en torno a la imagen del santo.
Después de la celebración de la misa, la imagen de San Martín de Porres sale en hombros desde el templo y se detiene en el atrio de la iglesia, donde una multitud de fieles espera el inicio de la procesión. Es allí donde la devoción comienza a tomar las calles y el santo emprende su recorrido por las principales vías de Monsefú.
A su paso aparecen los tradicionales arcos festivos, las alfombras elaboradas para recibir la imagen y los vecinos y devotos que esperan su llegada. Cada calle se convierte en un espacio de encuentro, oración y celebración, mientras familias enteras acompañan el recorrido.
La procesión no es solamente un acto religioso. Es también una manifestación de la identidad de un pueblo, donde la fe se encuentra con la tradición, la memoria familiar y la participación de la comunidad. San Martín avanza por las calles de Monsefú acompañado por sus devotos hasta llegar nuevamente a su morada, dejando a su paso una jornada que permanece en la memoria de quienes participan y de quienes conservan estas escenas como parte de la historia viva del pueblo.
Monsefú | Noviembre Registro documental: Carlos Ayasta
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3 registros
Colección Regional
Perú, territorio y memoria.
Esta colección reúne fotografías realizadas en diferentes regiones del Perú, fruto de una mirada atenta hacia sus pueblos, paisajes, personajes, costumbres y expresiones culturales.
Cada imagen constituye un registro de la diversidad de un país que conserva, en sus calles, plazas, comunidades y rostros, una memoria construida a través de generaciones. Son fotografías tomadas en distintos momentos y territorios, buscando preservar aquello que muchas veces permanece fuera de los grandes relatos: la vida cotidiana, las tradiciones, el trabajo, las celebraciones y las manifestaciones culturales que dan identidad a cada pueblo.
Más que una recopilación de imágenes, esta colección representa un ejercicio de memoria fotográfica y documentación cultural. La cámara se convierte aquí en una herramienta para observar, registrar y conservar testimonios visuales de un Perú vivo, diverso y profundamente ligado a sus raíces.
Las fotografías pertenecen a diferentes contextos geográficos y culturales, pero todas comparten una misma intención: dejar constancia de lo que somos y de aquello que merece ser recordado.
Esta colección forma parte del archivo fotográfico de Carlos Ayasta, concebido como un espacio de preservación de la memoria visual peruana y como testimonio de los pueblos, sus tradiciones y sus protagonistas.
Fotografiar es también conservar la memoria.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
Colección RegionalEL OCASO
Colección Regional
EL OCASO
Distrito de Santa Rosa - Lambayeque
- Lugar
- Santa Rosa - Lambayeque
Ocaso en el litoral norteño. Al caer la tarde, la costa se transforma en un escenario de luz y memoria. Mientras el sol desciende sobre el horizonte, unos niños juegan a orillas del mar, ajenos al paso del tiempo. La escena, sencilla y cotidiana, guarda el valor de un registro histórico: una generación que crece junto al litoral, entre la arena, el viento y la inmensidad del Pacífico. Fotografías como esta conservan instantes de la vida cotidiana que, con el paso de los años, se convierten en memoria colectiva.
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Colección RegionalOrillas de trabajo
Colección Regional
Orillas de trabajo
Distrito de Santa Rosa - Lambayeque
- Lugar
- Santa Rosa - Lambayeque
En la orilla del mar descansan las embarcaciones pesqueras artesanales, pequeñas naves que acompañan cada jornada de quienes encuentran en el océano su sustento. Entre la arena, la brisa y el sonido de las olas, estas embarcaciones forman parte del paisaje costero y de una tradición pesquera que permanece viva en el distrito de Santa Rosa, Lambayeque, donde el mar continúa siendo fuente de trabajo, identidad y memoria para sus comunidades.
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Colección RegionalPesca a la orilla del mar
Colección Regional
Pesca a la orilla del mar
Distrito de Santa Rosa - Lambayeque
- Lugar
- Santa Rosa - Lambayeque
En una tarde de verano, en las orillas de Santa Rosa, unos niños se adentran en la pesca con una sencilla red, buscando el pequeño chimito, pez propio de estas aguas. Entre el juego, la curiosidad y el aprendizaje, la escena retrata una relación temprana con el mar y una práctica que forma parte de la vida cotidiana de las comunidades costeras. Un instante sencillo que guarda la memoria de la infancia frente al océano.
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4 registros
Artesanía
Manos que crean, memoria que permanece.
La artesanía de nuestra tierra es mucho más que un trabajo hecho con las manos: es memoria, identidad y herencia cultural. En cada pieza viven los conocimientos transmitidos de generación en generación, la creatividad de nuestros artesanos y la profunda relación entre el pueblo, sus costumbres y sus materiales.
En Monsefú, la tradición artesanal forma parte de la vida cotidiana y de nuestra identidad. Tejidos, bordados, sombreros, trabajos en fibra vegetal, algodón, madera y otras expresiones nacidas del ingenio de nuestros artesanos cuentan historias de esfuerzo, dedicación y orgullo por nuestras raíces.
Cada objeto posee un valor especial porque representa una manera de entender y conservar nuestra cultura. Detrás de cada pieza existe una persona, una familia y una tradición que merece ser conocida, valorada y preservada.
Esta colección fotográfica busca acercarnos a ese universo artesanal, mostrando no solamente las piezas terminadas, sino también la belleza de quienes mantienen viva esta tradición.
Fotografías y registro documental: Carlos Ayasta Ballena
ArtesaníaCanastas de fibra vegetal
Artesanía
Canastas de fibra vegetal
Hay fotografías que no necesitan explicar demasiado. Basta mirarlas con calma.

Ella está allí, de pie, frente a nosotros. En sus manos no lleva simplemente unas canastas: lleva el trabajo de sus manos, la paciencia de muchas horas y una tradición que aprendió de quienes estuvieron antes que ella.
Las fibras entretejidas forman dibujos, colores y formas que parecen sencillas, pero detrás de cada una existe conocimiento. Saber escoger la materia prima, prepararla, doblarla, cruzarla y convertirla en un objeto útil también es una forma de arte.
Y mientras la fotografía la detiene por un instante, alrededor continúa la vida: el camino de tierra, los árboles, las paredes de ladrillo, el paisaje cotidiano de nuestro pueblo.
Quizás mañana ya no encontremos la misma escena.
Quizás esas manos ya no estén allí.
Por eso fotografiar nuestras costumbres no es solamente hacer una bonita fotografía. Es guardar memoria.
Porque Monsefú también vive en sus artesanos, en sus mujeres trabajadoras, en quienes todavía conservan conocimientos que no siempre aparecen en los libros, pero que han pasado de generación en generación.
Hoy, desde Monsefuanos por el Mundo, compartimos esta imagen como un pequeño homenaje a todas aquellas mujeres que, silenciosamente, han tejido mucho más que canastas.
Han tejido la memoria de un pueblo.
¿Quién recuerda a nuestras mujeres llevando sus canastas por las calles de Monsefú? ¿Qué recuerdo les trae esta imagen?
Monsefú, Lambayeque – Perú Carlos Ayasta
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ArtesaníaDavid Custodio, artesano
Artesanía
David Custodio, artesano
EL JOYERO QUE CONVIRTIÓ EL OFICIO EN MEMORIA
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2011
Hay hombres cuya historia queda guardada en las grandes páginas de los libros y otros que, sin buscar reconocimiento, dejan su nombre escrito en las manos. David Custodio fue uno de ellos. Joyero y artesano de Monsefú, perteneció a esa generación de hombres que aprendieron un oficio desde muy niños y lo llevaron consigo durante toda su vida, convirtiendo el trabajo cotidiano en una forma de identidad.
Desde temprana edad comenzó a conocer los secretos de la joyería artesanal. Entre herramientas, metales y largas jornadas de trabajo fue aprendiendo, poco a poco, un conocimiento que no se adquiere únicamente en las escuelas, sino también a través de la paciencia, la observación y la experiencia de los años. Cada pieza elaborada llevaba algo de aquel aprendizaje iniciado en su infancia.
Su trabajo encontró uno de sus principales destinos en Piura, mercado al que llevaba sus productos para ofrecerlos y venderlos. Era el recorrido de un artesano que salía de Monsefú llevando consigo el fruto de sus manos, buscando en otros pueblos y ciudades el reconocimiento de su labor. Así, su oficio no permanecía encerrado en un taller: viajaba con él, acompañado por las piezas que elaboraba y por la esperanza de regresar nuevamente a su tierra.
David Custodio representó a una generación de artesanos para quienes el oficio era más que un medio de subsistencia. Era disciplina, herencia y orgullo. En cada jornada se encontraba la continuidad de una tradición construida durante años, una sabiduría silenciosa que muchas veces permanece fuera de los registros oficiales, pero que forma parte fundamental de la memoria de un pueblo.
La última entrevista que pude realizarle fue en el año 2011. Hoy, después de su partida, aquellas palabras y aquel encuentro adquieren un significado aún mayor. David Custodio ya no se encuentra entre nosotros; falleció hace varios años. Sin embargo, permanece la memoria de su voz, de sus manos de artesano y de una vida dedicada a transformar la materia en trabajo y el trabajo en identidad.
Recordarlo es también reconocer a tantos hombres y mujeres de Monsefú que, desde sus talleres y oficios, ayudaron a construir la historia cotidiana del pueblo. Porque cuando un artesano parte, no desaparece solamente una persona: se apaga una voz, se detienen unas manos, pero queda la huella de todo aquello que fue capaz de crear.
David Custodio permanece en la memoria como joyero, artesano y hombre de oficio; como uno de esos monsefuanos que hicieron de sus manos una herramienta para contar, sin palabras, la historia de su tierra.
Atte, Carlos ayasta – Monsefuanos por el Mundo
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ArtesaníaGoyita Ruperta, tejedora
Artesanía
Goyita Ruperta, tejedora
LAS MANOS QUE TEJIERON LA MEMORIA
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2009
En el año 2009, durante una visita de entrevista y trabajo de campo en Monsefú, llegué hasta el encuentro de Goyita Ruperta, artesana y depositaria de uno de esos saberes que sobreviven gracias a la paciencia de las manos y a la memoria transmitida en generación.
La recuerdo especialmente por su sonrisa. Me recibió con una cercanía que aún permanece en mi memoria y, entre conversaciones, historias y recuerdos, compartimos un momento que con el paso de los años ha adquirido un significado mucho más profundo. No era solamente una entrevista: era el encuentro con una mujer que llevaba consigo parte de la historia artesanal de nuestro pueblo.
En la fotografía, Goyita Ruperta posa junto a un urdime, preparado para la elaboración de una alforja. La imagen conserva un instante del proceso artesanal, pero también guarda algo más difícil de explicar: la relación entre la artesana y su oficio. Allí están sus manos, su conocimiento y la experiencia acumulada durante una vida dedicada a preservar una tradición.
La alforja, nacida del tejido y de la paciencia, no era únicamente un objeto. En ella se encontraba el tiempo de quien prepara los hilos, ordena el urdimbre y da forma, poco a poco, a una pieza que lleva consigo la identidad de un pueblo. Artesanas como Goyita fueron guardianas silenciosas de esos conocimientos que rara vez aparecen en los grandes relatos, pero que sostienen la memoria cultural de Monsefú.
Hace poco, Goyita Ruperta partió. Sus últimos años estuvieron marcados por una salud muy delicada y por la pérdida de la vista. Sin embargo, prefiero recordarla como la encontré aquel día de 2009: sonriente, amable y generosa, compartiendo conmigo sus historias y recibiéndome con un cariño que jamás olvidaré.
Hoy, al volver a mirar esta fotografía, siento que su valor ha crecido con el tiempo. Ya no es solamente el registro de una artesana junto a un urdime. Es la presencia de una mujer que ya no está físicamente entre nosotros, pero cuya imagen continúa hablándonos de su vida, de su trabajo y de aquel afecto sincero que nació en nuestros encuentros.
La recuerdo por el cariño y el aprecio que siempre me tuvo. Y quizás esa sea también una de las razones por las que esta fotografía significa tanto para mí: porque detrás de la imagen no solamente existe una artesana y su oficio, sino una amistad, una sonrisa y una historia compartida.
Goyita Ruperta ya no puede ver este retrato. Pero gracias a la memoria, nosotros todavía podemos verla: junto a su urdime, entre los hilos de una tradición, sonriendo para que el tiempo no consiga llevársela del todo.
Atte, Carlos Ayasta – Monsefuanos por el Mundo
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ArtesaníaTomate y el banjo
Artesanía
Tomate y el banjo
Tomate un artesano en el corazón del pueblo
- Lugar
- Monsefú
En una calle del tradicional Monsefú, entre el sonido cotidiano de un pueblo donde la música y las costumbres forman parte de su identidad, vive y trabaja Manuel Chafloque Mimbela, conocido cariñosamente como “Tomate”. Su nombre está ligado a un oficio singular: la confección artesanal de instrumentos musicales que, en sus manos, adquieren forma, sonido y vida.
En su taller, la madera deja de ser simplemente materia prima. Poco a poco se transforma en banjos, guitarras, arpas, pianitos y otros instrumentos de cuerda y percusión, elaborados mediante el conocimiento que solo se alcanza con los años de trabajo, paciencia y dedicación.
Cada pieza representa un proceso. Medir, cortar, ensamblar, ajustar y buscar el sonido adecuado son parte de una labor silenciosa que exige precisión. El artesano conoce el carácter de los materiales y comprende que un instrumento no termina cuando adquiere su forma: su verdadera culminación llega cuando comienza a sonar.
Entre los instrumentos que confecciona destaca el banjo tradicional, vinculado a las expresiones musicales y dancísticas de la cultura popular. También el arpa, la guitarra y los pequeños pianitos forman parte de una producción artesanal que mantiene vigente una relación directa entre el constructor, el músico y la tradición.
Manuel Chafloque Mimbela, “Tomate”, representa a esos artesanos que trabajan muchas veces lejos de los grandes escenarios, pero cuya labor resulta fundamental para la continuidad de la cultura. Porque detrás de cada danza existe una melodía y, detrás de muchas melodías, están las manos de quienes construyen los instrumentos que hacen posible su existencia.
Su taller es, en ese sentido, un pequeño espacio donde también se conserva la memoria. Allí conviven la madera, las herramientas, las cuerdas y el conocimiento acumulado durante años. Cada instrumento que sale de sus manos lleva consigo una parte de su creador y la posibilidad de acompañar una fiesta, una danza, una reunión familiar o el aprendizaje de una nueva generación de músicos.
En tiempos en que la producción industrial ha desplazado muchos oficios tradicionales, el trabajo de “Tomate” adquiere un valor especial. Su labor nos recuerda que todavía existen conocimientos que se construyen con las manos, que requieren tiempo y que no pueden entenderse únicamente desde una máquina o una fábrica.
En el corazón de Monsefú, Manuel Chafloque Mimbela continúa dando forma a la música. Con paciencia de artesano y memoria de pueblo, “Tomate” convierte la madera en instrumentos y el silencio en sonido. Porque mientras sus manos sigan construyendo un banjo, una guitarra, un arpa o un pianito, una parte de la tradición monsefuana seguirá encontrando nuevas formas de hacerse escuchar.
Atte, Carlos Ayasta (CAY) – Monsefuanos por el Mundo.
Ficha de referencia
Artesano: Manuel Chafloque Mimbela, «Tomate» Oficio: Constructor artesanal de instrumentos musicales Especialidad: Banjo tradicional, arpas, guitarras, pianitos e instrumentos de cuerda y percusión Lugar de trabajo: Calle Tarapacá 207, Monsefú Contacto: 973 324 798 / 937 205 336
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