Retratos · Monsefú · 2008
Goyita

Goyita mira a la cámara con una blusa de flores bordadas
LA PRIMERA DIFUSORA CON LA BOTELLA SOBRE LA CABEZA
- Colección
- Retratos
- Lugar
- Monsefú
- Año
- 2008
Hay personas que no solamente practican una tradición: la convierten en parte de su propia existencia. Goyita es una de ellas.
La recuerdo frente a mi cámara, orgullosa y sonriente, posando con su blusa tradicional bordada, sus largas trenzas recogidas en forma de corona, recuerda que sobre su cabeza lleva una botella, que se convirtió en símbolo de una manera de bailar y de sentir la marinera de nuestro pueblo.
Goyita fue una de las primeras grandes difusoras de la marinera tradicional con la botella sobre la cabeza, llevando este baile mucho más allá de las calles y celebraciones de Monsefú. Mujer entusiasta, trabajadora y artesana, hizo de su talento una verdadera embajada cultural. Allí donde llegaba, llevaba consigo la elegancia de nuestra danza, la fuerza de nuestras mujeres y el orgullo de pertenecer a esta tierra.
Su arte no conoció fronteras. Sus presentaciones la llevaron por diferentes lugares, convirtiéndola en una embajadora de la marinera monsefuana. Pero detrás de cada baile había mucho más que una presentación: estaba la historia de un pueblo, la memoria de sus mayores y el deseo de mantener viva una tradición para las nuevas generaciones.
Durante una de mis visitas para conversar con ella, hubo una frase que quedó grabada en mi memoria. Hablábamos de la danza, de los años y de lo que significaba para ella seguir bailando. Entonces me dijo:
“Si algún día dejo de bailar, he muerto en vida.”
Aquellas palabras, sencillas pero profundas, resumen quién era Goyita. Para ella, bailar no era simplemente mover el cuerpo al compás de una marinera. Bailar era vivir.
Por eso esta fotografía representa mucho más que un retrato. Es el registro de una mujer que convirtió su cuerpo, su alegría y su talento en una forma de preservar la identidad de Monsefú. La botella sobre su cabeza, la blusa bordada, sus trenzas y aquella mirada llena de entusiasmo son parte de una historia que merece permanecer.
Hoy, cuando volvemos a mirar su imagen, podemos comprender que las tradiciones no sobreviven solamente porque están escritas en los libros. Sobreviven porque existen personas que las aman lo suficiente como para llevarlas consigo.
Goyita llevó nuestra marinera por el mundo.
Y mientras alguien vuelva a colocar una botella sobre su cabeza, mientras una pareja vuelva a bailar con orgullo nuestra marinera y mientras Monsefú siga reconociéndose en sus tradiciones, Goyita seguirá bailando con nosotros.
Carlos Ayasta Monsefuanos por el Mundo

