Saltar al contenido
Carlos Ayasta Fotografía

Fiestas y celebraciones · Monsefú

Las Pastoras

Jóvenes reunidas con faldas de colores y prendas tradicionales durante una celebración

Jóvenes reunidas con faldas de colores y prendas tradicionales durante una celebración

Un grupo de jóvenes participan en una celebración del niño de la tarde de reyes de Monsefu

Colección
Fiestas y celebraciones
Lugar
Monsefú

En las calles de Monsefú, cuando la música anuncia la llegada de los Negros y el pueblo se reúne para contemplar una de sus expresiones más entrañables, aparecen también ellas: las Pastoras, portadoras de gracia, color y una presencia que forma parte de la memoria festiva de generaciones.

Su danza acompaña el desarrollo de la celebración y dialoga, desde sus propios movimientos y vestimenta, con el vigoroso caminar de los Negros. Mientras ellos imprimen fuerza y cadencia a cada paso, las Pastoras aportan delicadeza, armonía y una expresión coreográfica que completa el paisaje humano de la festividad. Juntos recorren calles y espacios de encuentro, convirtiendo el desplazamiento en una escena viva donde música, danza, fe y tradición se entrelazan.

Las Pastoras no son únicamente un grupo que baila. Son también una imagen conservada en la memoria de Monsefú. En sus pasos permanecen los recuerdos de antiguas celebraciones, de familias que acompañaban el recorrido, de niños que miraban con asombro y de músicos cuya interpretación marcaba el ritmo de una tradición transmitida en generaciones continuas.

Sus atuendos, adornos y movimientos contribuyen a construir una estética propia dentro de la celebración. Cada presentación representa, además, el resultado de una transmisión cultural que no siempre quedó escrita en los libros, sino que sobrevivió gracias a la enseñanza oral, la observación y la participación directa de quienes asumieron el compromiso de continuar la costumbre.

Al lado de los Negros, las Pastoras forman parte de un universo festivo en el que los personajes adquieren significado dentro del conjunto. No se trata solamente de bailar, sino de representar una herencia cultural, ocupar un lugar dentro de una celebración colectiva y mantener vivo un lenguaje de símbolos que identifica a la comunidad.

Hoy, cuando las transformaciones del tiempo amenazan con borrar o modificar muchas expresiones tradicionales, la presencia de las Pastoras adquiere un valor aún mayor. Su danza nos recuerda que la cultura vive cuando vuelve a caminar por las calles, cuando la música vuelve a convocar al pueblo y cuando una nueva generación aprende los pasos que antes bailaron sus mayores.

Por eso, cuando los Negros avanzan y las Pastoras los acompañan, Monsefú no contempla simplemente una danza: contempla una parte de sí mismo. En el sonido de la música, en el movimiento de los cuerpos y en la emoción de quienes observan, vuelve a aparecer la memoria de un pueblo que, a través de sus tradiciones, continúa contando su propia historia.

Las Pastoras y los Negros caminan juntos como imágenes de una memoria que se niega a desaparecer. Y mientras haya alguien dispuesto a vestir el traje, ejecutar el paso y salir nuevamente a las calles, la tradición seguirá bailando en Monsefú.

Atte, Carlos ayasta (CAY) – Monsefuanos por el Mundo

CompartirFacebookCorreo