Por qué fotografío Monsefú
Volver al lugar donde uno nació con una cámara en la mano no es nostalgia. Es trabajo de archivo.

Cuando uno se va, el pueblo se queda quieto en la memoria. Vuelves diez años después y no está quieto: los talleres cerraron, las casas de caña son de ladrillo, los que bordaban ya no bordan.
Fotografiar Monsefú no es un ejercicio sentimental. Es levantar acta de lo que todavía existe, antes de que la única prueba sea el recuerdo de alguien.
La cámara como excusa
La cámara sirve para entrar. Nadie te cuenta su vida porque sí, pero sí te deja retratarlo — y mientras posa, habla. Casi todo lo que sé de mi propio pueblo lo aprendí esperando a que la luz mejorara.
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